Para Domingo
Las reservas del oro negro están contadas y la política exterior de las potencias está condicionada, en gran parte, por la necesidad de asegurarse sus respectivos suministros. El petróleo representa cerca del 35 por ciento de la energía total consumida y el 90 por ciento de la utilizada por los transportes. De esta manera, la dependencia a este recurso está planteando una nueva geopolítica en torno a los hidrocarburos.
Estados Unidos es el principal consumidor e importador, pero China crece a un ritmo más rápido. “Si esta tendencia se mantiene, va a llevarla a un primer puesto”, analizó Florencia Rubiolo, licenciada en Relaciones Internacionales y becaria del CONICET. No es casual que en 2005, la empresa petrolera china CNOOC Limited hiciera la mayor oferta en la historia de ese país por una empresa extranjera. Sin embargo, la estadounidense Unocol finalmente fue vendida a Chevron por una suma inferior de dinero. Washington encolumnó esta batalla empresarial dentro de la categoría de “seguridad nacional” y, en 2006, el expresidente George Bush reconoció que “Estados Unidos es adicto al petróleo”.
En este escenario, Rusia -que terminó la Guerra Fría siendo la gran perdedora- tiene en su poder la capacidad de reivindicarse y transformar sus grandes yacimientos de petróleo, gas natural y carbón en influencia geopolítica. “Es hora de que Occidente reconozca el grado de progreso que Rusia ha logrado”, dijo el ministro de energía, Viktor Khristenko, ante las declaraciones de Dick Cheney, que acusaban a Rusia de utilizar los recursos como herramientas de intimidación.
La era del petróleo de fácil acceso está tocando fondo, a tal punto que la Agencia Internacional de la Energía, en su último informe, reveló que “el mundo se encamina hacia un futuro energético insostenible”. Si este recurso es, como planteó el analista Robert Hirsch, “la sangre de la civilización moderna”, para evitar que el sistema se quede anémico es necesario que se satisfagan sus demandas.
En África se encuentran los mayores depósitos vírgenes de petróleo y su importancia es cada vez mayor. “Es un territorio relativamente inexplorado con acceso a múltiples mercados, que no tiene en qué consumir su gas y su petróleo de alta calidad”. Así la definió Sebastián Juncal, investigador del CONICET. Su problema es la ausencia de infraestructura y la inestabilidad política. “China apunta a hacer de la resolución del primero su carta de presentación, mientras que Estados Unidos y Europa continúan usufructuando la segunda cuestión para desarrollar su política de ocupación territorial”, consideró Juncal. No es extraño que, en el 2008, se haya creado el Comando Militar de Estados Unidos para África (AFRICOM), siendo el primero que se conformó desde que el presidente Carter estableció el Mando Central en 1983. A diferencia del poder militar con el que cuenta Estados Unidos, el gigante asiático hace uso de otro recurso clave: el financiamiento para el desarrollo. De una forma u otra, hay muchos ojos puestos sobre el mismo tesoro.
“La cuota de verdad es que generaciones enteras en regiones ‘bendecidas’ por el maná petrolero nacieron, vivieron y murieron en guerra”, enfatizó Juncal. La posesión de este recurso se puede transformar en la “maldición de Midas”. Según la mitología griega, el rey de Frigia convertía en oro todo lo que tocaba. La alegría inicial se transformó en su peor pesadilla, cuando ya no podía ni comer por sus propios medios sin convertir el pan y el agua en oro. Es decir, muchos de los países que cuentan con las mayores reservas, son países de la zona más pobre y dividida del planeta, que no utiliza la riqueza para su desarrollo y que está en la mira de las grandes potencias sedientas de energía. Como escribió Eduardo Galeano: “Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen”.
En este escenario, Rusia -que terminó la Guerra Fría siendo la gran perdedora- tiene en su poder la capacidad de reivindicarse y transformar sus grandes yacimientos de petróleo, gas natural y carbón en influencia geopolítica. “Es hora de que Occidente reconozca el grado de progreso que Rusia ha logrado”, dijo el ministro de energía, Viktor Khristenko, ante las declaraciones de Dick Cheney, que acusaban a Rusia de utilizar los recursos como herramientas de intimidación.
La era del petróleo de fácil acceso está tocando fondo, a tal punto que la Agencia Internacional de la Energía, en su último informe, reveló que “el mundo se encamina hacia un futuro energético insostenible”. Si este recurso es, como planteó el analista Robert Hirsch, “la sangre de la civilización moderna”, para evitar que el sistema se quede anémico es necesario que se satisfagan sus demandas.
En África se encuentran los mayores depósitos vírgenes de petróleo y su importancia es cada vez mayor. “Es un territorio relativamente inexplorado con acceso a múltiples mercados, que no tiene en qué consumir su gas y su petróleo de alta calidad”. Así la definió Sebastián Juncal, investigador del CONICET. Su problema es la ausencia de infraestructura y la inestabilidad política. “China apunta a hacer de la resolución del primero su carta de presentación, mientras que Estados Unidos y Europa continúan usufructuando la segunda cuestión para desarrollar su política de ocupación territorial”, consideró Juncal. No es extraño que, en el 2008, se haya creado el Comando Militar de Estados Unidos para África (AFRICOM), siendo el primero que se conformó desde que el presidente Carter estableció el Mando Central en 1983. A diferencia del poder militar con el que cuenta Estados Unidos, el gigante asiático hace uso de otro recurso clave: el financiamiento para el desarrollo. De una forma u otra, hay muchos ojos puestos sobre el mismo tesoro.
“La cuota de verdad es que generaciones enteras en regiones ‘bendecidas’ por el maná petrolero nacieron, vivieron y murieron en guerra”, enfatizó Juncal. La posesión de este recurso se puede transformar en la “maldición de Midas”. Según la mitología griega, el rey de Frigia convertía en oro todo lo que tocaba. La alegría inicial se transformó en su peor pesadilla, cuando ya no podía ni comer por sus propios medios sin convertir el pan y el agua en oro. Es decir, muchos de los países que cuentan con las mayores reservas, son países de la zona más pobre y dividida del planeta, que no utiliza la riqueza para su desarrollo y que está en la mira de las grandes potencias sedientas de energía. Como escribió Eduardo Galeano: “Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen”.

